No era la letra, era la música

Marshall McLuhan fue un tipo visionario. Profesor, filósofo e investigador, se desempeñó como uno de los primeros comunicólogos del siglo XX (1911-1980), y sigue siendo uno de los más citados aún hoy. A él se le atribuye el término aldea global, referido a las consecuencias socioculturales de las comunicaciones mundiales instantáneas. También es autor de una genial afirmación: El medio es el mensaje. Todo medio, formato, soporte, etc, influye en el mensaje que queremos dar. Y es que de hecho a veces el medio es el mensaje.

Algo así ocurrió con el Foro de Tecnología organizado por Editorial Prensa Canaria (diarios La Provincia y La Opinión). Dos consideraciones rápidas:

1. Un acierto juntar en un solo evento a responsables de Google, TripAdvisor y Spotify, junto a Octavio Suárez, director del coworking Palet Express.

2. Un error hacerlo en formato cerrado, un desayuno por invitación en el hotel Santa Catalina. Aunque yo fui, mucha gente interesada y conocedora del sector tecnológico se quedó fuera.

Quitando el speech de Octavio Suárez, memorable y didáctico (debería entregarse impreso en los wellcome pack de todos los coworkings canarios), los invitados no dijeron nada nuevo ni avanzaron revolución alguna. Tampoco iban a hacerlo aquí en Las Palmas, no era el lugar ni el escenario. Lo transmití muy claro a otros compañeros del mundillo que no consiguieron entrada: “No te perdiste nada”.

Pero la cuestión no era esa. El punto de todo, y creo que los organizadores lo vieron así desde el principio, fue el hecho mismo de celebrar este evento con empresas tecnológicas de primera línea, a cuyos jefazos no tienen uno la oportunidad de escuchar todos los días. Luis Collado de Google, Blanca Zayas de Trip Advisor, Miguel Bañón de Spotify, muy cercanos todos ellos. No era la letra, era la música.

Una música que escucharon atentamente algunos destacados empresarios canarios. Y como esos empresarios son básicamente los que crean cultura en sus organizaciones -el tradicional esquema de jerarquía vertical-, eso luego se transmite a los mandos intermedios. Y cuando nosotros, emprendedores o autónomos con proyectos, nos reunimos con esos mandos, necesitamos estar en sintonía porque lo contrario significa el fracaso. Para el emprendedor por supuesto, pero en ocasiones también para un empresariado impermeable a los cambios y que a lo sumo te concede un “tenemos que mejorar la web” y un “ya te llamaré”.

Por eso necesitamos que conozcan la música de la innovación, para que nos escuchen. Yo me conformo con que entiendan que el cliente ya es un usuario y que depende de cómo lo trates puede ser tu mejor embajador o causarte problemas de reputación, que el público es móvil, fluctuante y exigente, que la gente no es tonta y cada vez todos tenemos más conciencia. Eso y un poco más de cercanía en el trato personal. Con que entiendan esas cuatro cosas, esas cuatro notas, creo que podemos empezar a hacer mejor las cosas y estos foros, sin duda, habrán cumplido su cometido. En un formato más abierto, eso sí, por simple coherencia y sentido común.

Gestionar la irrelevancia

Hace un par de meses me encontraba inmerso en la creación de un cuerpo teórico de apuntes para estrenarme como profesor en la MBA Business School. Lo iba a hacer además con una asignatura novedosa en ese lugar, Marketing de Contenidos. En las semanas previas tuve que leer mucho sobre el tema, mucho más de lo que es habitual para estar simplemente al día. Por lo general me basta con un par de suscripciones, en mi caso a Contently y Content Marketing Institute. Pero para esta ocasión necesité hacer mucho más, especialmente porque aspiro a que ese material me sirva para mi trabajo como periodista en marketing digital de aquí en adelante, con sus correspondientes actualizaciones. En algún punto leí algo que me llamó mucho la atención: los contenidos nos ayudan a gestionar el olvido. Lo escribía en este artículo Juan Duce, el CEO de la agencia de comunicación y contenidos del grupo Barrabés. Y añadía: “Con ellos [los contenidos] podemos construir las operaciones de relevancia que nos van a permitir tejer relaciones significantes con los usuarios”. Creo que no se puede decir mejor. Así que antes de entrar en tipos de contenido, procesos, funnels, KPI’s y microconversiones, lo primero que tenemos que plantearnos es eso: gestionar nuestra propia irrelevancia, y para eso necesitamos contenidos.

PROBANDO EL CONCEPTO

Un mes después de leer ese artículo utilicé el concepto por primera vez en una charla en público, durante mi intervención en el SmachTech Summit Digital Media de Las Palmas, el 24 de abril. Y de nuevo el 18 de mayo en la presentación de proyectos de Tenerife Invierte en la aceleradora Palet Express, esta vez vinculado a nuestros servicios de marketing de contenidos en Digital KPI. En ambos caso noté cómo el concepto resultaba sugestivo. Desde el origen de la humanidad, y de la vida incluso, siempre se ha tratado de eso: encontrar estrategias para ser relevantes para el otro, lograr la procreación y continuar la especie. Hoy lo seguimos haciendo aunque sea de otra manera. Seguimos modas y tendencias, queremos llamar la atención de los demás, o de una persona concreta, para conseguir unos objetivos. Casi nunca lo llevamos al plano consciente, simplemente lo hacemos. Está impreso en nuestro código genético. Hoy las marcas nos enfrentamos a ese reto: lograr ser relevantes para nuestro público. Porque hay que tener claro que las marcas per se no le importamos a nadie, salvo unas poquísimas excepciones que han logrado alcanzar el Olimpo. Y podemos escoger. Podemos ser los pesados que no dejan de perseguirte toda la noche, o ser algo más sutiles y resultar interesantes, entretenidos o divertidos. Si eliges la segunda opción, no tengas ninguna duda: la respuesta está en los contenidos.